En esta vida hay que morir varias veces para después renacer.
Y las crisis, aunque atemorizan, nos sirven para cancelar una época e inaugurar otra.
Si un musulmán está combatiendo o se encuentra en zona pagana, no tiene obligación de mostrar una apariencia distinta de la de quienes le rodean. En estas circunstancias, el musulmán puede preferir o ser obligado a parecerse a ellos, a condición de que su actitud suponga un bien religioso, como predicarlos, enterarse de secretos y transmitirlos a musulmanes, evitar un daño o algún otro fin de provecho.
Si llego a mi destino ahora mismo, lo aceptaré con alegría, y si no llego hasta que transcurran diez millones de años, esperaré alegremente también.
Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre, y dentro del perro probablemente está demasiado oscuro para leer.
'Pero ¡qué bonita es por dentro, qué bien formada!', ¡qué sólida, qué ingeniosa, qué rica, qué sutil!'
Cuando crezcas, descubrirás que ya defendiste mentiras, te engañaste a ti mismo o sufriste por tonterías. Si eres un buen guerrero, no te culparás por ello, pero tampoco dejarás que tus errores se repitan.
La tristeza de la separación y de la muerte es el más grande de los engaños.
No importan los emblemas/ ni las vanas palabras que son un soplo sólo./ Importa el eco de lo que oí y escucho./ Tu voz, que muerta vive, como yo que al pasar/ aquí aún te hablo./ Eras más consistente,/ más duradera, no porque te besase,/ ni porque en ti asiera firme a la existencia./ Sino porque como la mar/ después que arena invade temerosa se ahonda./ En verdes o en espumas la mar, se aleja./ Como ella fue y volvió tú nunca vuelves./Quizá porque, rodada/ sobre playa sin fin, no pude hallarte./ La huella de tu espuma,/ cuando el agua se va, queda en los bordes./ Sólo bordes encuentro. Sólo el filo de voz que/ en mí quedara./ Como un alga tus besos./ Mágicos en la luz, pues muertos tornan./
Oyó la risa de Brigitte y en ese momento se le ocurrió una nueva definición, la más paradójica, la más radical. Le gustó tanto que casi se olvidó de su tristeza. Ésta era la definición: ser absolutamente moderno significa ser aliado de sus sepultureros.
Seguía teniendo suficientes amigos en la profesión que comprenderían que había sido víctima de las circunstancias y de la mala suerte, pero a partir de ahora no podía permitirse ni el más mínimo error. Lo que más le dolía, no obstante, era la humillación. Tenía todas las de ganar, pero, aun así, perdió contra un gánster de medio pelo con traje de Armani. Un maldito y canalla especulador bursátil. Un yuppie con un abogado famoso que se había pasado todo el juicio con una burlona sonrisa en los labios. ¿Cómo diablos podían haberle salido tan mal las cosas?
Inmensas multitudes se ven por todas partes, De cuerpos transformados en cóleras diversas. Aquí teteras vivas con un brazo extendido, El otro recogido; el asa éste y aquél el pitorro: Allí un puchero avanza, cual trípode de Homero; Aquí supira un jarro, y allá una urraca habla; Los hombres paren hijos, en portentosa hazaña, Y las jóvenes, convertidas en botellas, piden a gritos un corcho.