Ojalá elijas siempre lo mejor para ti.
Eso será congruencia, aunque parezca y sea, para otros, incoherente.
La tristeza de la separación y de la muerte es el más grande de los engaños.
No importan los emblemas/ ni las vanas palabras que son un soplo sólo./ Importa el eco de lo que oí y escucho./ Tu voz, que muerta vive, como yo que al pasar/ aquí aún te hablo./ Eras más consistente,/ más duradera, no porque te besase,/ ni porque en ti asiera firme a la existencia./ Sino porque como la mar/ después que arena invade temerosa se ahonda./ En verdes o en espumas la mar, se aleja./ Como ella fue y volvió tú nunca vuelves./Quizá porque, rodada/ sobre playa sin fin, no pude hallarte./ La huella de tu espuma,/ cuando el agua se va, queda en los bordes./ Sólo bordes encuentro. Sólo el filo de voz que/ en mí quedara./ Como un alga tus besos./ Mágicos en la luz, pues muertos tornan./
Oyó la risa de Brigitte y en ese momento se le ocurrió una nueva definición, la más paradójica, la más radical. Le gustó tanto que casi se olvidó de su tristeza. Ésta era la definición: ser absolutamente moderno significa ser aliado de sus sepultureros.
Seguía teniendo suficientes amigos en la profesión que comprenderían que había sido víctima de las circunstancias y de la mala suerte, pero a partir de ahora no podía permitirse ni el más mínimo error. Lo que más le dolía, no obstante, era la humillación. Tenía todas las de ganar, pero, aun así, perdió contra un gánster de medio pelo con traje de Armani. Un maldito y canalla especulador bursátil. Un yuppie con un abogado famoso que se había pasado todo el juicio con una burlona sonrisa en los labios. ¿Cómo diablos podían haberle salido tan mal las cosas?
Inmensas multitudes se ven por todas partes, De cuerpos transformados en cóleras diversas. Aquí teteras vivas con un brazo extendido, El otro recogido; el asa éste y aquél el pitorro: Allí un puchero avanza, cual trípode de Homero; Aquí supira un jarro, y allá una urraca habla; Los hombres paren hijos, en portentosa hazaña, Y las jóvenes, convertidas en botellas, piden a gritos un corcho.
Iré así por las calles de París, la gente comenzará pronto a conocerme, los niños irán corriendo tras de mí, se reirán de mí, me tirarán cosas y todo París me llamará: la loca del nomeolvides...
[...] Hay que añadir aún que de muchas maneras puede uno errar, pues el mal, como se lo representaban los pitagóricos, pertenece a lo infinito, y el bien a lo finito, y de una sola manera es el acierto. Por lo cual lo uno es fácil, lo otro difícil: fácil el fallar la mira, difícil el dar en ella. Y por esto, en fin, es propio del vicio el exceso y el defecto, y de la virtud la posición intermedia:
"Amigos que por siempre nos dejaron, caros amigos para siempre idos, fuera del Tiempo y fuera del Espacio! Para el alma nutrida de pesares, para el transido corazón, acaso"
el que es malo, es esclavo aunque sea rey.

pero no todo incomprendido es un genio.
Cuando todos los días resultan iguales es porque el hombre ha dejado de percibir las cosas buenas que surgen en su vida cada vez que el sol cruza el cielo.
Sin lugar a dudas, hay semejanzas entre el amor y la amistad. Incluso diríamos que el amor es la locura de la amistad.

y he constatado que es tan buena que merece la pena ser multiplicada
... sentimientos opuestos, provocados en parte por la falta de información concisa sobre su origen y desarrollo.
En efecto, curábase en ellas la ignorancia,
la más peligrosa de las enfermedades
y el origen de todas las demás.
¿Dónde estarán los siglos, dónde el sueño
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño?
El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia.
Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados
espejos de la noche no es el mismo.
El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.
Pues lo que ha de acontecer acontecerá si no está resuelto a querer lo que es capaz de querer